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Somos la unidad de las parroquias San Martín - San Julián, La Purísima y San Sebastián.


Testimonio de Pedro Hernández, participante de los grupos de Biblia desde hace 37 años.

Pertenezco a los grupos de Bíblicos de la Purísima desde su comienzo en 1.979, por lo tanto llevo en ellos 37 años. Recuerdo perfectamente aquel primer grupo de unas cuantas personas, ocho o nueve, reunidos en torno a José Manuel, nuestro párroco, que con mucho entusiasmo comenzó a desentrañar el lenguaje y la grandeza que encerraba la Biblia y así hasta hoy. Muchos detalles con el paso del tiempo se han olvidado, pero lo esencial que ha quedado, ha ido formando una parte importante de mi vida de fe, lo he ido añadiendo poco a poco a mis pequeños descubrimientos y aunque con frecuencia, me doy cuenta que a pesar de tantos años, aún no se nada sobre este sagrado libro, también es verdad que todos y cada uno de los miembros de los grupos, mantenemos un gran interés, por el descubrimiento, el conocimiento y acercamiento a Dios y sobre todo el seguimiento de su mensaje. Además en estos grupos, se ha ido desarrollando un gran sentido comunitario en los que se han ido afirmando poco a poco su compromiso con la parroquia y con la Iglesia en general. Estoy convencido de que ha habido un antes y un después en mi vida de fe, relacionado con mi pertenencia y fidelidad al grupo de Biblia. Hoy después de tanto tiempo, puedo decir que el estudio de la Biblia, me ha marcado muy favorablemente y no puedo menos de sentirme profundamente agradecido. Agradecido a Dios por la oportunidad que he podido disfrutar, también muy agradecido a la persona que ha hecho posible de una manera incansable y constante todo este recorrido. Gracias también por hacer posible que esta dedicación haya servido para que todos los que formamos los grupos, seamos mejores cristianos, mejores personas, y más felices por haber descubierto un poco más de cerca el Rostro de Dios y su Palabra. Gracias a todos mis compañeros por haber compartido conmigo y con mi esposa, tantas experiencias, tantos pasos, tantas oraciones, tantas risas… Gracias a todos por estar cerca en tantas circunstancias personales de todo tipo, donde siempre me he sentido acompañado y querido, del mismo modo que yo he hecho con ellos, pues existe entre todos un gran cariño y respeto sincero. También doy gracias de una manera especial, por la oportunidad derivada de nuestro estudio de la Biblia, por los viajes realizados en grupo a Tierra Santa, y más tarde siguiendo la ruta de San Pablo a Turquía, Grecia y Roma, experiencias todas ellas inolvidables por su riqueza espiritual, cultural y comunitaria. Termino con unas palabras de San Pablo a los Tesalonicenses: “Así pues hermanos permaneced firmes y guardad cuidadosamente todo lo que habéis recibido”. Pedro Hernández

Categoría: Grupos de Biblia | Vistas: 181 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2018-01-14 | Comentarios (0)

Escrito por Poli Díaz Díaz, nuestro párroco. 

La Fiesta de Todos los Santos nos abre un boquete hacia la eternidad, esa esquiva eternidad para el hombre moderno, tan ensimismado y autoreferente, como si lo tuviera todo aquí y ahora y ya nada puede ser motivo de espera o ansia de futuro. Y quien se abre a la trascendencia de la vida, al misterio de Dios, puede empezar a entender el porqué de esta fiesta con que iniciamos el penúltimo mes del año. 
   Aún si visitamos a nuestros seres queridos en el cementerio, puede ser que emerja, en lo más recóndito de cada uno, una lucecita de esperanza de que un día nos uniremos en la gran sinfonía de los santos y santas en el cielo. Si falta esta dimensión trascendente, nuestra visita al cementerio se convierte en silencioso signo de los huesos que en polvo se convertirán. Esta fiesta nació para recordar al Pueblo de Dios cuán importante es la santidad que llevamos “como en vasijas de barro” como dice San Pablo. Nos hace bien este recuerdo. 
   Estamos metidos en un torbellino que nos arrastra y nos deja a merced de cualquier movimiento. Reafirmemos nuestra fe y renovemos hoy nuestro compromiso de ser santos como el Señor es Santo. Bueno, no podemos contar el número de los santos y santas de esta historia de la Iglesia. Sabemos son una muchedumbre innumerable. Muchos de ellos vivieron con nosotros aunque no nos dimos cuenta que eran fieles bautizados que vivían agradando a Dios, en las buenas y en las malas. 
  Te propongo un pequeño ejercicio. Piensa si tú has conocido una persona, familiar, amigo, que te haya dejado el “buen aroma de Cristo”. Pueden ser religiosos, sacerdotes, laicos. Fueron santos que amaron mucho a Dios y le hicieron mucho bien a su prójimo.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 134 | Agregado por: UnidadPastoralWeb | Fecha: 2017-10-30 | Comentarios (0)

Hoy, miércoles, día 2 de agosto, hemos tenido la suerte de contar con la presencia del coro Pro Musica Chorus de Sóller (Mallorca) en la Eucaristía de las 20:00 en la Purísima. Desde aquí nuestro más profundo agradecimiento al coro. Esperamos volver a verles pronto.

Vistas: 142 | Agregado por: UnidadPastoralWeb | Fecha: 2017-08-02 | Comentarios (0)

El Concilio Vaticano II, en su Con-stitución sobre la Sagrada Liturgia, explicita que «no es solo el sacramento de quienes se encuentran en los últimos momentos de su vida», señalando que son oportunos para recibirlo los tiempos de enfermedad o de vejez. (Constitución sobre la liturgia: Sacrosantum Concilium, 73) Hasta el Concilio, este sacramento se conocía con el nombre de extremaunción, puesto que sólo se lo administraba in extremis, es decir, ante la inminencia de la muerte. El cambio de sentido dado al sacramento por el Concilio responde a la necesidad e importancia de asistir a los enfermos para que el Espíritu Santo los acompañe y reconforte, de conformidad con el mandato de Jesucristo:

...en mi nombre...impondrán las manos sobre los enfermos...

(Evangelio de Marcos 16,17-18)

El óleo utilizado en este rito es conocido como óleo de los enfermos, y es bendecido cada año por el obispo en la Misa Crismal celebrada el Miércoles Santo por la mañana. En el rito central del sacramento de la unción de los enfermos, el presbítero traza con el aceite bendecido la señal de la cruz en la frente y en cada una de las manos del enfermo, al tiempo que pronuncia las siguientes palabras: Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén.

Vistas: 151 | Agregado por: UnidadPastoralWeb | Fecha: 2017-05-25 | Comentarios (0)

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