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10:00 AM
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. 6 de junio.

Las lecturas de hoy son: Libro del Exodo 24, 3-8;Carta a los Hebreos 9, 11-15; Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26;

Celebramos hoy el día del Corpus Christi, el día dedicado en la liturgia a la Eucaristía. Y en este contexto, además, por doquier, celebramos muchas primeras comuniones.

Nuestra vida humana está llena de presencias: unas visibles (las otras personas, la familia, los amigos, los vecinos...) y otras invisibles (los sentimientos, los recuerdos, los sueños...); unas cercanas y otras lejanas. A veces la presencia toma forma de ausencia, a veces de recuerdo. Las “presencias” nos ubican en el tiempo, en el espacio y nos fijan aún más a la tierra y a la vida.

Por el mismo motivo, nuestra vida está llena de presencia de Dios. La presencia de Dios en nuestra vida histórica ha tomado cuerpo palpable en Jesús. Dios se ha encarnado en el ámbito del espacio y del tiempo de una persona concreta, de carne y hueso, que nació, vivió y murió. ¡Qué colosal misterio!

Ese mismo Jesús que pasó por nuestra historia y nuestro tiempo, ascendió a los cielos. Tras la ascensión, su presencia cambia de signo, pero no de realidad. Sigue estando presente, pero ahora de otra forma.

Ahora nos encontramos con Él a través de una presencia en forma de MEMORIA. Es su memoria la que nos lo acerca y nos lo hace presente, especialmente su memoria litúrgica y sacramental. Es en la Eucaristía donde los cristianos hacemos memoria de su vida, de su muerte y de su resurrección. Y la Eucaristía nos hace presente su persona de la misma forma encarnada en nuestra historia y en nuestro tiempo.

Hoy la Iglesia nos pide en esta celebración reflexionar y contemplar la Eucaristía. La Eucaristía es muy rica y densa. Permitidme que señale algunos de sus significados más importantes y significativos para mí.

1.- La Eucaristía es la mesa de la intimidad, donde se reúnen los hermanos convocados por el Señor para cenar y recibir el testamento del amor, donde reposamos la cabeza sobre el pecho del maestro y donde se nos hace la confidencia de lo que Él ha recibido del Padre.

2.- La eucaristía es también la mesa de la acogida de todos los hijos pródigos que en el mundo somos y de todos los pobres, lisiados, indigentes... Es el banquete donde los excluidos de la sociedad ocupan la cabecera de la mesa, lugar al que invitamos al que no puede corresponder.

3.- También es el lugar de la fiesta, donde se celebra el banquete con el mejor vino y el mejor cordero, el lugar en el que acudimos con las mejores ropas.

4.- Es el lugar de la comunión y de la entrega, la mesa en la que –como Zaqueo- nos convertimos de nuestros pecados de egoísmo y extorsión a los hermanos y nos abrimos a compartir con los demás, a ser con los hermanos un solo cuerpo como nos dice la segunda lectura.

5.- La Eucaristía es el lugar de la verdadera revelación del rostro de Dios, donde reconocemos al Señor después de la incredulidad del camino de Emaús. En esa mesa le proclamamos como Tomás: “Señor mío y Dios mío”.

6.- Es la mesa de la Pascua, del paso del Señor por nuestras vidas, donde cogemos fuerzas para seguir adelante en el camino de la vida en medio de nuestro mundo, cultura y sociedad, donde nos levantamos de nuestras caídas y salimos para servir a nuestros hermanos.

Pidamos dos cosas, para que se nos claven en lo más hondo de nuestro deseo

Que amemos la Eucaristía y desde la Eucaristía amemos al mundo, amemos a los pobres y amemos a Dios.

Que nos dejemos amar por Dios en la Eucaristía, que en ella y en la cruz, “nos amó hasta el extremo”

Policarpo Díaz, párroco

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