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Somos la unidad de las parroquias San Martín - San Julián, La Purísima y San Sebastián.

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Las lecturas de hoy son: Génesis 22:1-2, 9-13, 15-18; Carta a los Romanos 8:31-34; Evangelio según san Marcos 9:2-10;

La película “La Vida es bella”, tiene una frase final muy significativa. Después de todo el drama y toda la comedia, la última frase de la misma es la siguiente: “Esta es mi historia, este es el sacrificio que hizo mi padre, este fue su regalo”. El trasfondo de la película son varios sacrificios, en beneficio de la vida de los demás. La madre sacrifica la comodidad de su vida por su esposo y su hijo. El padre sacrifica su vida y la da literalmente para preservar la vida de su hijo y de su esposa. Todo esto nos suena, porque en nuestra fe cristiana, Jesús ha sido sacrificado en la cruz para dar la vida en rescate por todos y de este modo evitar que haya que seguir haciendo otro tipo de sacrificios para obtener de Dios la Gracia.

La primera lectura de hoy, nos presenta la figura de Abrahán, nuestro padre en la fe, el prototipo del hombre atento a la escucha de la llamada de Dios y pronto a la respuesta (“aquí me tienes”), hombre probado en el núcleo mismo de su corazón y enteramente obediente (Otra vez, y son dos, vuelve a decir “Aquí me tienes”). Ya sabéis la historia bíblica que nos cuenta la primera lectura del Génesis: Abrahán, en la vejez de su vida es llamado a “salir de su tierra” y de la casa de su padre, y caminar inciertamente hacia la nueva tierra. Abrahán obedece y se pone en camino. Le alumbra una promesa: tu descendencia será numerosa. En efecto, Abrahán recibe el regalo de su hijo Isaac. Pues bien, ahora, en el texto de hoy, Dios pide que lo sacrifique, que lo ofrezca como un animal en sacrificio. Dios le toca donde más le duele: tierra e hijo: las dos grandes riquezas, de las que Abrahán se despoja por obedecer. De este modo, el gesto de Abrahán es un atisbo del gesto del Padre en la Plenitud de los tiempos, que no “perdonó” a su Hijo y lo entregó a la muerte por nosotros y el gesto de Isaac sobre el altar, es anticipo de Cristo crucificado y devuelto a la vida.

En la preciosa lectura de Pablo a los romanos, Pablo nos hace algunas preguntas. Si Dios está con nosotros (el gesto del Padre y del Hijo, esa radical entrega y prueba de amor, es por nosotros), ¿Quién estará contra nosotros?, ¿Quién acusará a los Hijos de Dios?, ¿Quién condenará?... Son preguntas que San Pablo se hace y que no admiten respuesta dudosa: DIOS ESTARÁ SIEMPRE A NUESTRO FAVOR, DIOS NO NOS ACUSARÁ, DIOS NO NOS CONDENARÁ. ¿Nos entrarán estas afirmaciones contundentes por los oídos y bajarán a nuestro corazón?, ¿Nos las creeremos de verdad? El cristianismo es la religión de la salvación, de la liberación..., no del juicio, ni de la condena. Dios nos ha amado hasta tal extremo, que dando la vida de su Hijo por nosotros nos ha rescatado para siempre. Construyamos un cristianismo más alegre, más optimista, más pascual. Ya está bien del cristianismo excesivamente penitencial, doloroso, negro, pesimista...

Pero, en este camino hacia la Pascua, a los discípulos, como a nosotros, nos entra la “pájara”, el cansancio, la crisis, la falta de esperanza... Por eso Jesús, hace un alto en el camino y justo después de haber anunciado que va a sufrir en la cruz y que va a resucitar, comprendiendo la tristeza que les ha quedado en el corazón, sube con ellos al monte y en la trasfiguración, les anticipa y les esclarece el camino. Hace como una especie de “spoiler”, ya saben: nos cuenta como el final de la película, antes de que la hayamos visto o la hayamos terminado de ver. Oye, no te preocupes, que la cruz lleva a la resurrección, que es como decir: la cuaresma termina en la pascua, el dolor se transforma en alegría, la muerte acaba siendo vida. En el Tabor, que así se llama el monte de la trasfiguración, reciben una experiencia de luz, una experiencia de belleza, de sentido... La fe tiene sentido. Pero Pedro, noble y bruto como nadie, vuelve a meter la pata, una vez más: “Qué bien se está aquí. Hagamos tres tiendas” Es otra vez el camino de la tentación, de llegar a la plenitud por el camino corto, ahorrando la cruz y el sufrimiento. Pedro es el prototipo de justamente lo contrario de lo que decíamos hace un momento del cristiano triste: Pedro aparece como el cristiano jovial e insolidario, que vive bien, que está bien, que tiene una experiencia mística inmensa, pero que se olvida de sus hermanos que están en el llano sufriendo y viviendo la experiencia del dolor.

Hermanos. Ni un cristianismo de la culpa y la condena, del miedo y la oscuridad; ni un cristianismo de las palmas y lo jovial. Acojamos el camino de Jesús, que es camino de cruz y de vida. No podemos separar la cruz de su horizonte pascual, ni a la pascua la podemos desligar de su origen de entrega.

Policarpo Díaz Díaz

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 51 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2021-02-28 | Comentarios (0)

Desde nuestra Unidad Pastoral hemos lanzado estas cuatro propuestas para ayudarte a vivir el Tiempo de Cuaresma con más profundidad.

  • Todos los días en la iglesia de San Martín tiene lugar la Oración de la mañana. Comenzamos a las 9:40, justo antes de la misa de las 10:00.

  • De lunes a sábado en la iglesia de San Julián podrás encontrar a un confesor disponible de 11:30 a 12:30, para que puedas acercarte al sacramento del perdón.

  • Cada jueves la iglesia de San Sebastián permanece abierta de 16:30 a 18:30. Puedes aprovechar este tiempo para la oración personal o para el acompañamiento espiritual si lo necesitas.

  • Cada viernes en la iglesia de La Purísima tiene lugar el Via Crucis. Comenzamos a las 18:30, media hora antes de la misa de la tarde.

Esperamos que estas propuestas te ayuden a vivir una experiencia cuaresmal más intensa. Recuerda que siempre puedes contactarnos en nuestras redes sociales o por correo electrónico (encontrarás la dirección en la pestaña "contacto" en la parte de arriba de nuestra web).

Categoría: Tiempo de Cuaresma | Vistas: 18 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2021-02-27 | Comentarios (0)

Las lecturas de hoy son: Génesis 9, 8-15; Primera carta del apóstol san Pedro 3, 18-22; Evangelio según san Marcos 1, 12-15;

Encuentro en el desierto

“Volveos a mí de todo corazón”, escuchamos como un grito ansioso, al comenzar la Cuaresma el Miércoles de Ceniza. Es la intensa llamada de quien está siempre dispuesto a perdonar y desea regalarnos su perdón.

Y, al volvernos a Él, ¿qué es lo que encontramos? Un arco en el cielo, grande, bello, hecho de colores, luminoso, que atrae nuestra mirada y embelesa el corazón. Esta es la señal del compromiso (pacto, alianza, repite hasta cinco veces la primera lectura) de Dios con la humanidad, con todo lo que llena la tierra, y con la tierra misma. “Ningún diluvio ni desgracia alguna acabará con la vida sobre la tierra. Sufriréis negros nubarrones sobre vosotros, pero al final veréis y gozareis de mi arco de luz y color en el cielo, que es mi señal, mi mensaje de fidelidad con vosotros. Mi arco en cielo, señal de mi pacto con vosotros en la tierra”.

Hermoso pórtico de entrada al camino cuaresmal: la promesa de vida para la nueva humanidad, que nace de la gran catástrofe del diluvio. En las grandes pruebas de la humanidad y de cada hombre, Dios siempre se hace presente, con una renovada promesa de vida y de futuro.

Dios está con y por nosotros, a favor nuestro. Aunque haya fieras que nos acechen y amenacen, aunque suframos la tentación, aunque vivamos en el desierto, aunque nos veamos envueltos en la interminable pandemia, Él está y sus ángeles nos cuidan.

El evangelio de este domingo de Cuaresma nos conduce al desierto, acompañados y acompañando a Jesús. No es mal lugar el desierto, y está en los planes de Dios con nosotros. Allí nos lleva el Espíritu, como condujo al Señor. En él Dios se hace fuerte en favor nuestro. En el silencio, en la soledad, en la prueba, se nos revela su presencia.

También en la tentación, que es una oportunidad para el crecimiento interior. La tentación nos hace conscientes de que estamos vivos espiritualmente y que se nos llama al combate, a la confianza en Dios, a la decisión, a confirmar el seguimiento. En la tentación no estamos solos. Cierto que están las fieras salvajes, pero están los ángeles y el mismo Señor, para fortalecernos en la prueba y librarnos de la trampa del cazador.

La prueba decisiva de esta presencia de Dios en nuestras luchas es su propio Hijo, nuestro hermano y salvador, Él mismo tentado por nosotros y como nosotros. Tentado hasta el extremo, hasta el trance definitivo de su muerte, a la que se entregó para conducirnos a Dios y salvar incluso a los más rebeldes, como nos dice la carta de Pedro hoy.

En el camino cuaresmal al que Jesús nos ha invitado, hoy nos conduce al desierto de su mano. No rehusemos ir con Él, aunque experimentemos la crudeza de la prueba, lo extremo del combate, las oscuras fieras que hoy nos amenazan para robarnos la alegría y le esperanza. Su presencia nos consuela y fortalece, porque “no temáis, yo estoy con vosotros”.

Fernando García Herrero

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 53 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2021-02-21 | Comentarios (0)

“… Dejemos de lado por un tiempo los temarios preestablecidos para centrarnos en el misterio clave de nuestra fe. De los datos técnicos de la pandemia se ocupan hasta el hartazgo los medios de comunicación, pero ¿quién enseñará a los cristianos a valorar y amar la cruz del Siervo manso y humilde de corazón?”

Jesús Andrés Vicente Domingo. Sacerdote de la archidiócesis de burgos.
(Artículo de opinión publicado en Vida Nueva 13-IX-2020)

 

La Cuaresma del año 2021, como todas las Cuaresmas y todos los “Tiempos litúrgicos fuertes”, son tiempos de Gracia, en las que el Señor nos invita a “entrar” en el camino de la conversión y desde unas condiciones exteriores muy cuidadas, entremos por los caminos de la oración, de la limosna y del ayuno, hacia la muerte del “hombre viejo” que todos tenemos y acompañando a Jesús en su camino de entrega, de pasión, de muerte y de Pascua, lleguemos nosotros también renovados y renacidos a la noche Santa de la Pascua con mucha alegría. Cuanta más hondura en el camino, más alegría plena en la meta. Cuanto más nos identifiquemos con el Cristo sufriente, más vamos a disfrutar del Cristo Vivo.

Este año, fruto de la pandemia que estamos viviendo, necesitamos recorrer este camino con más austeridad de acciones, encuentros y celebraciones. Ya lo vivimos así el curso pasado, pero hace un año “nos cayó como una losa”, así como “de repente”, de tal forma que lo que hace justamente un año -en el mismo mes de febrero- programábamos en todas las parroquias, cofradías, delegaciones, movimientos… teníamos que ponerle el cartel de “Cancelado” en las primeras semanas de marzo, hasta quedar totalmente confinados el 14 de marzo, en plena segunda semana cuaresma, a punto de celebrar el tercer domingo… Lo demás, todos lo hemos sufrido: suspensión de todas las actividades, del culto, de las procesiones… y un final de cuaresma e inicio de la Pascua, lleno de muertes, de ingresos, de contagios… Jamás se nos olvidará. Fue sorprendente “el paso del Señor” en medio de la Pandemia. Hizo falta afilar mucho la sensibilidad, para descubrir “la Gracia” en medio de tanta desgracia. El Papa Francisco sin duda nos ayudó mucho con sus apariciones en público: sus palabras, sus gestos, sus silencios. Jamás lo podremos olvidar.

Este año, y saliendo actualmente de lo que todos conocemos como “la tercera ola de la pandemia”, con la experiencia ya vivida en todo este tiempo, nos disponemos a iniciar de nuevo la Cuaresma. Ahora ya vamos con la “lección aprendida” … Algunos dicen, sobre todo por los medios de comunicación, que “no habrá tampoco este año Semana Santa”. Falso. Que no pueda haber procesiones no significa que no podamos vivir con hondura y profundidad el misterio de la entrega del Señor. Que no tengamos una cuaresma llena de “charlas, conferencias, retiros, quinarios, triduos, vía crucis, etc…” no significa en absoluto que no vayamos a vivir con intensidad este camino. Es más: para muchas personas la Semana Santa del año pasado fue una verdadera escuela de conversión y muchos hogares se convirtieron en centros pastorales y en templos… además de ser oficinas, escuelas y gimnasios. Las familias fueron lo que están llamadas a ser: “comunidades de amor, vida y fe”.

¿No será que el Señor nos esté llamando a lo esencial?

Si, a lo esencial, a lo verdaderamente importante, al encuentro personal con Él, al camino interior de cambio de vida, a buscar las apoyaturas del desierto, que no son excesivas ni en medios, ni en variedad, sino sólo la Eucaristía, la Palabra, la oración, el ayuno, la limosna, la penitencia…. Ni más ni menos. Sin aparato decorativo, sin muchos más artificios.

Sí, a lo esencial, a lo verdaderamente importante, que es el encuentro con la comunidad de hermanos con la que caminamos en la Iglesia, que concretamos en el grupo de fe, en la Parroquia, en la Unidad Pastoral, en la Cofradía, en la Delegación… Quizá no podamos hacer muchas cosas abiertas y públicas, pero nadie nos va a impedir que nos juntemos a compartir, aunque sea menos que otras veces o usando otras herramientas como el teléfono, el WhatsApp, o los encuentros “en línea” a través del ordenador. Sin grandes exageraciones, porque cierto es, que lo bueno es que los encuentros sean medidos, ponderados, equilibrados, para que sean deseados. La abundancia y la exageración en el uso de estas herramientas también cansa y hastía y hace que, en vez de desear el encuentro, lo que deseemos sea evitarlos.

Sí, a lo esencial, a lo verdaderamente importante, que es la salida de nuestro propio amor, querer e interés, que es ayunar, hacer limosna y encontrar caminos personales (y comunitarios) para expresar estas realidades. Salir al encuentro de los más pobres y necesitados. Salir a su encuentro, buscarlos, localizarlos…

Desde la Unidad Pastoral, y siendo conscientes de los impedimentos que estamos viviendo, por primera vez en siete años, no editamos un cuadernillo con propuestas de actividades, encuentros, eventos… Nos toca ayunar. Pero eso no significa que nuestra cuaresma vaya a ser “light” o “descafeinada”. Sólo lo esencial. Esta es la propuesta:

  • La centralidad de la Eucaristía diaria y dominical, bien celebrada, bien preparada, disfrutada.
  • La oración de todas las mañanas a las 9:40 en San Martín, antes de la Eucaristía de 10:00.
  • La posibilidad de participar en el Sacramento de la Penitencia en San Julián, todas las mañanas (de lunes a sábado) de 11:30 a 12:30 (allí existe una precisa capilla penitencial, amplia, con suficiente distancia entre el confesor y el penitente).
  • Apertura de la Iglesia de San Sebastián los jueves de 16:30 a 18:30 como espacio de oración y de acompañamiento espiritual.
  • La oración comunitaria de vísperas de lunes a viernes a las 20:30 a través de “ZOOM” (plataforma online para video-llamadas).
  • La oración de Vía Crucis todos los viernes media hora antes de la Eucaristía de La Purísima (en principio a las 18:30, siempre que la Eucaristía sea a las 19:00).

A todo este programa “de lo esencial”, iremos añadiendo paulatinamente alguna propuesta más: quizá algún retiro, quizá algún otro espacio de oración o de preparación del Evangelio dominical, desde luego alguna celebración penitencial comunitaria, etc… Poco a poco, según vayamos pudiendo en el tema de los aforos y según vayamos caminando y necesitando, iremos añadiendo alguna otra oferta, ¡no muchas más!

También esperamos las iniciativas personales o grupales, (como por ejemplo las “Vísperas” por zoom, que es iniciativa del Grupo Bíblico Israel 2012” y que les damos las gracias por haberlo ofrecido a todos los demás) que puedan ser brindadas al beneficio de todos los demás. Así construimos Unidad Pastoral y así vamos siendo cada día más una familia vida de fe y amor.

Para terminar: Es de obligada lectura el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma. Es la voz de Pedro, el pastor de la iglesia universal, y centra, orienta y ofrece unas perspectivas bíblicas, espirituales y pastorales de gran hondura e interés. Ponemos los títulos y encabezamientos principales, para estimular e impulsar su lectura y trabajo personal.

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén...» (Mt 20,18). Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

  1. 1. La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.
  2. 2. La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino
  3. 3. La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

Del mismo modo, estemos atentos a la palabra de nuestro Obispo Carlos, a sus homilías en este tiempo. Su magisterio también es fuente segura de acierto en la centrar la mirada en lo esencial.

Y por parte de los párrocos, nos comprometemos a acompañar todo el proceso, como unos peregrinos más, caminando unas veces delante, otras al lado y otras detrás. Por favor; recordadnos nuestro compromiso de entrega y exigidnos que nos demos en cuerpo y alma a vuestras necesidades y sobre todo a las de los más pobres y necesitados. Orad por nosotros.

Feliz camino de lo esencial.

Fernando, Antonio y Poli.

Vuestros presbíteros y compañeros de camino.

Foto: Shutterstock

Categoría: Tiempo de Cuaresma | Vistas: 104 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2021-02-18 | Comentarios (0)

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