Bienvenido a la web de la Unidad Pastoral del Centro Histórico de Salamanca


Somos la unidad de las parroquias San Martín - San Julián, La Purísima y San Sebastián.

Horario de Misas actualizado

Aviso importante sobre la Catequesis 2020-21



Síguenos en las redes sociales para no perderte las noticias más recientes: Facebook, Twitter, Instagram


Reflexión por Francisco José Jaspe Anido. Representante de Fe y Arte en el Consejo Pastoral.

Solemnidad de la Santísima Trinidad

 

Celebramos este domingo una gran solemnidad, pues es la conmemoración sobre quién es Dios, y uno de los misterios más profundos de nuestra Fe: “Un solo Dios y Trino.”¿No nos enseñaron de niños que Dios es: “Tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y un solo Dios verdadero?”

Y Dios es Padre, pero un padre que lo da todo, lo perdona todo, lo olvida todo… Así se presenta a Moisés cuando se le revela en lo alto de la montaña del Sinaí proclamando: "¡Yahvé, Yahvé!, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.” Porque Dios nos eligió como pueblo suyo, como hijos suyos, y siempre estará dispuesto a perdonarnos, incluso cuando su amor no es correspondido pecando. Un padre siempre está con nosotros cogiéndonos de la mano y levantándonos.

Y Dios es Hijo, pues por amor a nosotros entregó para el sacrificio pascual a su Unigénito, para que con su sangre lavará nuestros pecados, y creyendo, en su palabra, en su Evangelio, nos salváramos, porque, como el propio Jesucristo nos dijo: “No he venido a condenar a este mundo, sino a salvarlo.”

Y Dios es Espíritu Santo, que nos ilumina y guía, que nos da fuerzas para lograr la Salvación Prometida.

Hoy, unidos a todos los santos y a todos los cristianos, os deseamos, como San Pablo: “La Gracia del Señor Jesucristo, el Amor de Dios y la Comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros.”

 

Imagen: La Santísima Trinidad, icono de Andréi Rubliov. S.XV. Galería Tretiakov, Moscú.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 154 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-06-07 | Comentarios (0)

Reflexión por Consolación Montes. Grupos de Biblia.

Id y haced discípulos de todos los pueblos.

 

La Ascensión del Señor al Cielo constituye el fin de la peregrinación terrena de Cristo. Es punto de partida para comenzar a ser testigos y anunciadores de Cristo. El Señor Glorificado continua presente en el mundo por medio de la Palabra proclamada, la Iglesia reunida en oración, los signos sacramentales, la acción de los que creen en sus palabras, cumpliendo así Su promesa de que estaría con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos. El mandato de Jesús es claro: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

Por nuestro Bautismo, Sacramentos y Eucaristía, donde los cristianos tenemos que hacer presente a Cristo, en medio de tantas dificultades y necesidades. Con la Ascensión del Señor, el camino está abierto y nosotros los cristianos estamos invitados a recorrer el camino. Comunicar con esperanza en tiempos de pandemia, tiempos de solidaridad, compartir, ayudar.

Después de la Ascensión del Señor a los Cielos puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la Evangelización. Que nos llama a compartir el dolor y acompañamiento de nuestros hermanos.

La misión nace del encuentro con el Resucitado, sin esta vivencia el programa misionero se vacía de sentido.

Sus palabras en las lecturas de hoy nos invitan a meditar sobre el encargo misionero con el que Jesús se despide de sus discípulos.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 184 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-05-24 | Comentarios (0)

Reflexión por Hna. María José Mariño CM

 

Seguimos el camino de la Pascua, ya vislumbrando la llegada del Espíritu. Eso significa que sí, que se acerca un momento de despedida. Esta palabra tiene en la actualidad nuevas resonancias. Ya no está en la imaginación o en la vivencia de personas individuales. Como sociedad y como Iglesia, estamos viviendo de cerca muchas despedidas. Despedimos personas queridas y otras desconocidas que son, de alguna manera, también nuestras en este tiempo de pandemia. Despedimos seguridades y tesoros de lo cotidiano en los que, con frecuencia, ni siquiera hemos reparado. Ahora, en la liturgia vamos “despidiendo” al Resucitado para acoger su Espíritu en Pentecostés.

Sí, cuando se quiebran certezas y estabilidades, resuena con más vigor la palabra de Jesús: “no os dejaré huérfanos… me veréis y viviréis”. La despedida es también una promesa, la promesa de la cual vivimos como Iglesia: vivimos en Él. Este domingo se nos invita a entrar más hondamente en ese misterio de intimidad que llamamos comunión, la vida del Dios Trinidad que nos abraza en el Resucitado. Este es el secreto de nuestra alegría y nuestra esperanza. Por eso, en un tiempo de sufrimiento inesperado y profundo, necesitamos dejar que el corazón se nos llene de esta presencia amorosa. Solo Él puede darnos la paz, el gozo y la esperanza que necesitamos, nuestra comunidad y nuestro mundo.

A lo largo de la Pascua, vamos dibujando el retrato de lo que estamos llamados a ser como comunidad creyente: Iglesia en salida, Iglesia servidora, Iglesia en comunión, Iglesia orante, Iglesia sufriente… pero siempre, Iglesia que ama porque es amada, viva porque está habitada por el Viviente. Demos hoy razón de nuestra esperanza, no con doctrinas o razonamientos, sino con la razón del corazón que sostiene, reconforta y acompaña. Él vive y toda muerte ha sido vencida: seguir caminando es acercarnos a la Vida, ¡sigamos, pues!

Hoy también celebramos la Pascua del enfermo, terminando junto al Resucitado la campaña de pastoral de la salud de este año. Acompañar en la soledad ha sido nuestro lema. ¡Y qué mejor compañía que la que Cristo mismo nos ofrece! Ahora que la enfermedad se ha instalado en nuestro mundo y que tocamos la soledad del confinamiento, dejémonos acompañar por Él para hacernos, con Él, compañeros de otras soledades.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 151 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-05-17 | Comentarios (0)

Reflexión por Mª Carmen y Oroncio. Grupos de Biblia

 

Las lecturas de este V domingo de Pascua nos invitan a reflexionar sobre varios aspectos importantes en nuestra vida cristiana.

 

La primera lectura de Hechos nos recuerda que en las primeras comunidades había problemas de convivencia, igual que los que tenemos hoy entre nosotros. Ellos los resolvieron asumiendo responsabilidades con coherencia, compromiso y entrega. Buena lección para cada uno de nosotros, en especial, en estas circunstancias que estamos viviendo.

En la segunda lectura, Pedro, nos recuerda que la verdadera Piedra Angular es Jesús, en la que debemos apoyar nuestras vidas y pensar hacia donde nos dirigimos y cómo llegaremos a ese destino considerando que somos débiles y frágiles.

Jesús en el evangelio nos lo aclara al decir: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Jesús es el verdadero camino porque es la Palabra eterna hecha historia humana en la encarnación. La imagen del camino hay que enmarcarla en la historia de la salvación como una oferta dinámica hacia una meta segura que llegará.

Jesús es la verdad que el hombre necesita y que le conduce a la libertad de los hijos de Dios. Jesús es la verdad porque es la Palabra, porque refleja el propio ser del Dios Amor.

Jesús es la vida que con su resurrección manifiesta en plenitud y sin equívocos, cuál fue realmente el proyecto de Dios sobre el hombre y su destino.

Jesús es pues, “camino para nuestros pasos, verdad para nuestros interrogantes y sentido de la vida para nuestra existencia”. Y todo ello es el núcleo de nuestra Fe.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 186 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-05-10 | Comentarios (0)

« 1 2 3 4 5 ... 36 37 »