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Reflexión por Mª Carmen y Oroncio. Grupos de Biblia

 

Las lecturas de este V domingo de Pascua nos invitan a reflexionar sobre varios aspectos importantes en nuestra vida cristiana.

 

La primera lectura de Hechos nos recuerda que en las primeras comunidades había problemas de convivencia, igual que los que tenemos hoy entre nosotros. Ellos los resolvieron asumiendo responsabilidades con coherencia, compromiso y entrega. Buena lección para cada uno de nosotros, en especial, en estas circunstancias que estamos viviendo.

En la segunda lectura, Pedro, nos recuerda que la verdadera Piedra Angular es Jesús, en la que debemos apoyar nuestras vidas y pensar hacia donde nos dirigimos y cómo llegaremos a ese destino considerando que somos débiles y frágiles.

Jesús en el evangelio nos lo aclara al decir: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Jesús es el verdadero camino porque es la Palabra eterna hecha historia humana en la encarnación. La imagen del camino hay que enmarcarla en la historia de la salvación como una oferta dinámica hacia una meta segura que llegará.

Jesús es la verdad que el hombre necesita y que le conduce a la libertad de los hijos de Dios. Jesús es la verdad porque es la Palabra, porque refleja el propio ser del Dios Amor.

Jesús es la vida que con su resurrección manifiesta en plenitud y sin equívocos, cuál fue realmente el proyecto de Dios sobre el hombre y su destino.

Jesús es pues, “camino para nuestros pasos, verdad para nuestros interrogantes y sentido de la vida para nuestra existencia”. Y todo ello es el núcleo de nuestra Fe.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 146 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-05-10 | Comentarios (0)

Comentario a las lecturas por Vicky Sánchez

 

- Los Hechos de los apóstoles (2, 14. 22-33)

 

En este tercer domingo de Pascua, la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos hace una invitación a reflexionar sobre la proclamación del mensaje cristiano (kerigma). Centra todo el misterio de Cristo —ministerio, muerte, resurrección— en el plan de Dios por medio de Jesús. Dios es el que realiza signos y prodigios, acreditándolo así como Mesías. Jesús debía ser entregado a la muerte según el plan decretado y previsto por Dios. Dios es sobre todo el que lo resucita, librándolo de la corrupción de la muerte y abriéndole el sendero de una vida gloriosa.

 

- Salmo 15

 

La carne del Señor no conoció la corrupción del sepulcro a pesar de haber gustado la muerte. Por ello el Señor, previniendo su resurrección gozo de paz imperturbable. Que nos dé la paz de sabernos caminando por un "sendero de vida".

 

- Primera carta del apóstol san Pedro (1, 17 - 21)

 

La idea del destierro como situación actual del cristiano es central en la primera carta de Pedro, desterrado y peregrino en la tierra, como en Babilonia. Vive hacia la patria del cielo prometida como los israelitas en el desierto, ellos fueron rescatados de Egipto. El nuevo Cordero Pascual predestinado antes de la creación y manifestado como comienzo de los tiempos últimos, sobre todo con su resurrección y glorificación obra de Dios y causa de la fe y esperanza en él y en Dios. Por eso el cristiano debe vivir su Pascua con temor, como los israelitas.

 

- Evangelio según san Lucas (24, 13-35)

 

El hecho del relato consiste en que dos discípulos que caminan largo tiempo con Jesús no le conocen. El descubrimiento de Jesús Resucitado no procede de los ojos carnales sino de los iluminados por la fe. Jesús Resucitado es objeto de fe, los discípulos de Jesús llegan a él por las palabras y los signos. Los discípulos lo conocen al partir el pan, pero el se aleja, Jesús sigue presente en una nueva dimensión: la Eucaristía, la Palabra, el Prójimo. Ellos corren y comunican su fe a sus hermanos y de su comunión en la fe nace la gran verdad.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 194 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-04-26 | Comentarios (0)

Reflexión de Francisco José Jaspe

 

"¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!" Proclamamos con gozo en el salmo de la Vigilia Pascual de este Domingo Santo, y Mateo, exultante, testimonió el anuncio del Ángel: "¡HA RESUCITADO!"

Hoy es el primer día de la semana, el primer día de nuestras vidas renovadas por Cristo, gracias a su Pasión, Muerte y Resurrección. Hoy iniciamos la Pascua como niños de pecho recién nacidos salvados por el sacrificio del Cordero de Dios inmolado por nosotros. Y, como en nuestra vida, y en nuestro mundo, afrontamos con alegría, gozo y optimismo esta Pascua Florida tan hermosa. Y así, cantamos al salmo: “Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.”

Estamos saliendo de una época de incertidumbre y dolor, de una Cuaresma como ninguno pensó que pasaría, penamos y sufrimos, algunos, incluso, dando la vida por los demás, siguiendo a Jesucristo y cargando con su cruz, y, a veces, hoy muchas veces, haciendo de Cirineos de otros, pero Dios nos protege y siempre está con los brazos abiertos, porque ¿Qué Padre no está dispuesto a perdonarlo todo y acoger a su hijo? Estamos saliendo de tiempos de tribulación, pero también de incrementar nuestra Fe, hacer florecer la Esperanza, y alimentar el Amor en nuestros corazones.

Dudamos, lloramos, caemos… sí, pero con la fuerza del Espíritu Santo, el Amor de Dios, y el ejemplo de Jesucristo, sacamos fuerzas para levantarnos una y otra vez. Los apóstoles y discípulos, no creían lo que les había revelado Jesús, el propio Juan lo confiesa: “… y vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.”

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 194 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-04-12 | Comentarios (0)


Presentación del Via Crucis "Testigos de la Pasión"


Este es el viacrucis que te proponemos para este Viernes Santo de 2020, tan especial por las circunstancias en que nos toca vivirlo. En este camino de la cruz que recorremos hoy caben todos. Cabe la gente de nuestra parroquia, de nuestra Unidad Pastoral y la de todas las parroquias vecinas de nuestra diócesis. Y las de todas la diócesis del mundo… Caben los cofrades y los que no lo son. Caben las mujeres y caben los hombres. Los que tienen fácil la vida y los que se sienten abrumados por los pesos que les han ido cayendo encima y no saben de dónde sacar fuerzas. Caben los viejos, que por ley de vida no son ya jóvenes, aunque algunos para consolarse dicen que lo son de espíritu. Caben también los jóvenes que son viejos, los que están cansados y aburridos como si hubiesen andado ya un camino largo de ochenta años. Caben, por supuesto, los que sufren, especialmente hoy los enfermos, y los que han perdido seres queridos en esta pandemia. Caben, por derecho propio, los sanitarios que se están dejando la vida en curar, en consolar, en acompañar… Y caben también los que sonríen… y los que se sienten solos y tienen ganas de llorar...

En este viacrucis caben todos, aunque un día sólo cupo uno: Jesús. Aquel fue su exclusivo viacrucis, el camino-de-la-cruz original y primigenio. Pero desde entonces todos los viacrucis de la historia se han unido al primero. En todos está Cristo, y en todos andan los otros «cristos», los hermanos de Cristo, los hijos de Dios. Cargan con la cruz; son traicionados y vejados; caen, no tres veces, sino tres mil; en unas ocasiones se levantan de nuevo y en otras quedan en el suelo extenuados; son colgados de la cruz; criticados, apaleados, juzgados, abucheados, rechazados, torturados; y Cristo va siempre con ellos. Viacrucis de Jesús, el Hijo de Dios; y de sus hermanos, los hijos de Dios. El viacrucis no es solo camino: es lugar y ocasión de encuentro. Encuentro de Cristo y sus hermanos; encuentro de los hermanos de Cristo entre sí.

Pretende este viacrucis que proponemos ser un reflejo del auténtico. Del camino-de-la-cruz que recorrió Jesús, nuestro Maestro y Señor. Un camino que no comenzó en el monte de los olivos, sino mucho antes. En su bautismo, cuando se metió en mitad de la fila de los que acudían donde Juan, Jesús comenzó a cargar la cruz —las cruces— del mundo. De su mundo, del que a él le tocó vivir.

Tenía muchas cruces aquel mundo: la pobreza y la injusticia; el rechazo de los «pecadores»; la prepotencia de los poderosos de la religión y del imperio; los gritos de auxilio de las viudas y de los huérfanos; la violencia y el deseo de venganza presente en los corazones de un pueblo siempre oprimido, siempre machacado... SE PUEDE REZAR ESTE VIACRUCIS EL VIERNES SANTO a través de whatsapp y de las redes. Se difundirán las 14 estaciones de forma espaciada a lo largo de todo el día, con el siguiente horario: la primera estación se enviará a las 00:00 horas del Viernes Santo. La segunda, a las 8:00 a.m. y, a partir de ahí, se irán enviando -una a una- a cada hora en punto, hasta las 20:00 horas en que se enviará la última.

Jesús cargó con aquellas y, a un tiempo, con todas las cruces que estaban por venir. También con las cruces del mundo que nos ha tocado vivir a nosotros. Hacer el viacrucis es, pues, ver a Cristo. Y verlo cargado con su cruz, con sus cruces, que son las nuestras. En este viacrucis, al mismo tiempo que escuches la pasión del Señor, tal y como el evangelista Lucas nos la transmitió, vas a escuchar también la voz de algunos testigos que la presenciaron en primera persona. Testigos de la pasión. María, Pedro, Pilato, una mujer, Simón...; solo hemos podido dejar hablar a catorce, porque son catorce las estaciones. Pero hubo muchos más testigos. Si tú y yo creemos hoy es por el testimonio que ellos dejaron.

Y hoy, en nuestro mundo actual, sigue habiendo más testigos. Gente que continúa contemplando con estupor, con asombro, con impotencia, con rabia, con indiferencia... la pasión de Cristo, la pasión de todos los hermanos de Cristo, la pasión de todos los cristos.

También a estos testigos queremos dejarles hablar hoy, haciéndoles un hueco de silencio en nuestros corazones. Estate atento. No te pierdas su testimonio. Probablemente lo necesitas. Además, seguro que incluso tú eres también testigo.

Como ves, lo que te estamos intentado decir de diversas maneras es que en este Viacrucis también cabes tú. Cabes en cada estación. Y en cada personaje. No pienses que eres solo el que —como Cristo— sufres. También eres el que hace sufrir. Eres Jesús. Pero también eres Pedro y Judas. La mujer que lloriquea y el Pilato que se lava las manos. El discípulo que por miedo se aparta de la cruz y el centurión pagano que conoce en Jesús al Hijo de Dios cuando ve su forma de morir. Tú eres el soldado que azota y Verónica que seca el rostro. Tú, el ladrón bueno… pero también el malo.

En este viacrucis también cabes tú. ¡No te quedes fuera mirando! Entra en nuestro camino, que es el camino de la cruz de Jesús. Y tráete tu paisaje. Porque éste no es solo el viacrucis de Jerusalén. Es también el de nuestro mundo de hoy, y el de Palestina, y el de Siria... No solo aquella ciudad, sino la aldea global —el pueblo de todos los pueblos de la tierra— se llena de tinieblas con la muerte de Jesús y espera con ansias que salga de la tumba nueva el Sol que no conoce ocaso.

Únete a nosotros. No te quedes atrás. No camines solo. Es más difícil hacer solos este camino. Disfruta del encuentro, de los encuentros. Puedes necesitar un cireneo porque tu cruz sea demasiado pesada. O —¿quién sabe?— a lo mejor te cargan la cruz de otro que tiene menos fuerza que tú…

Categoría: Semana Santa | Vistas: 112 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-04-09 | Comentarios (0)

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