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Reflexión por Mamen Rivas Vivens Pastoral Social. Grupo Reminiscencia.


“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”. Estas son las palabras que recoge el Evangelio de Juan para celebrar el día de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

Jesús nos sorprende a todos con estas palabras que anuncian la salvación eterna, pero lo hace preocupándose por el hambre de los hambrientos y por la salud de los enfermos y por el dolor de todos los dolientes del mundo.

Cuando Jesús nos invita a comer y a beber de su cuerpo y su sangre nos está asociando al proyecto humanizador del Padre. Con este banquete caemos en la cuenta que seguir a Jesús en cuerpo y alma supone identificarnos con el proyecto del Reino de Dios. Buscar el Reino de Dios y su justicia supone: curar y aliviar las heridas y los sufrimientos de la sociedad, del hermano. Acercarse a los más pobres y olvidados. Trabajar por una sociedad más hospitalaria.

Las lecturas del Domingo de Corpus Christi nos sugieren dos actitudes a considerar. Una; los seguidores de Jesús hemos de vivir aprendiendo de su espíritu profético que consiste en una forma de vivir la realidad a la luz de la compasión de Dios y de su anhelo de justicia. Dos; despertar en nuestras comunidades la indignación profética ante el clamor de las víctimas y de tantos empobrecidos. En el día del Cuerpo de Cristo los seguidores de Jesús debemos ser, como dice el poeta: "Voz de los que no tienen voz y contra los que tienen demasiada voz” (Jon Sobrino)

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 123 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-06-14 | Comentarios (0)

Reflexión por Francisco José Jaspe Anido. Representante de Fe y Arte en el Consejo Pastoral.

Solemnidad de la Santísima Trinidad

 

Celebramos este domingo una gran solemnidad, pues es la conmemoración sobre quién es Dios, y uno de los misterios más profundos de nuestra Fe: “Un solo Dios y Trino.”¿No nos enseñaron de niños que Dios es: “Tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y un solo Dios verdadero?”

Y Dios es Padre, pero un padre que lo da todo, lo perdona todo, lo olvida todo… Así se presenta a Moisés cuando se le revela en lo alto de la montaña del Sinaí proclamando: "¡Yahvé, Yahvé!, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.” Porque Dios nos eligió como pueblo suyo, como hijos suyos, y siempre estará dispuesto a perdonarnos, incluso cuando su amor no es correspondido pecando. Un padre siempre está con nosotros cogiéndonos de la mano y levantándonos.

Y Dios es Hijo, pues por amor a nosotros entregó para el sacrificio pascual a su Unigénito, para que con su sangre lavará nuestros pecados, y creyendo, en su palabra, en su Evangelio, nos salváramos, porque, como el propio Jesucristo nos dijo: “No he venido a condenar a este mundo, sino a salvarlo.”

Y Dios es Espíritu Santo, que nos ilumina y guía, que nos da fuerzas para lograr la Salvación Prometida.

Hoy, unidos a todos los santos y a todos los cristianos, os deseamos, como San Pablo: “La Gracia del Señor Jesucristo, el Amor de Dios y la Comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros.”

 

Imagen: La Santísima Trinidad, icono de Andréi Rubliov. S.XV. Galería Tretiakov, Moscú.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 99 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-06-07 | Comentarios (0)

Reflexión por Consolación Montes. Grupos de Biblia.

Id y haced discípulos de todos los pueblos.

 

La Ascensión del Señor al Cielo constituye el fin de la peregrinación terrena de Cristo. Es punto de partida para comenzar a ser testigos y anunciadores de Cristo. El Señor Glorificado continua presente en el mundo por medio de la Palabra proclamada, la Iglesia reunida en oración, los signos sacramentales, la acción de los que creen en sus palabras, cumpliendo así Su promesa de que estaría con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos. El mandato de Jesús es claro: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

Por nuestro Bautismo, Sacramentos y Eucaristía, donde los cristianos tenemos que hacer presente a Cristo, en medio de tantas dificultades y necesidades. Con la Ascensión del Señor, el camino está abierto y nosotros los cristianos estamos invitados a recorrer el camino. Comunicar con esperanza en tiempos de pandemia, tiempos de solidaridad, compartir, ayudar.

Después de la Ascensión del Señor a los Cielos puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la Evangelización. Que nos llama a compartir el dolor y acompañamiento de nuestros hermanos.

La misión nace del encuentro con el Resucitado, sin esta vivencia el programa misionero se vacía de sentido.

Sus palabras en las lecturas de hoy nos invitan a meditar sobre el encargo misionero con el que Jesús se despide de sus discípulos.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 152 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-05-24 | Comentarios (0)

Reflexión por Hna. María José Mariño CM

 

Seguimos el camino de la Pascua, ya vislumbrando la llegada del Espíritu. Eso significa que sí, que se acerca un momento de despedida. Esta palabra tiene en la actualidad nuevas resonancias. Ya no está en la imaginación o en la vivencia de personas individuales. Como sociedad y como Iglesia, estamos viviendo de cerca muchas despedidas. Despedimos personas queridas y otras desconocidas que son, de alguna manera, también nuestras en este tiempo de pandemia. Despedimos seguridades y tesoros de lo cotidiano en los que, con frecuencia, ni siquiera hemos reparado. Ahora, en la liturgia vamos “despidiendo” al Resucitado para acoger su Espíritu en Pentecostés.

Sí, cuando se quiebran certezas y estabilidades, resuena con más vigor la palabra de Jesús: “no os dejaré huérfanos… me veréis y viviréis”. La despedida es también una promesa, la promesa de la cual vivimos como Iglesia: vivimos en Él. Este domingo se nos invita a entrar más hondamente en ese misterio de intimidad que llamamos comunión, la vida del Dios Trinidad que nos abraza en el Resucitado. Este es el secreto de nuestra alegría y nuestra esperanza. Por eso, en un tiempo de sufrimiento inesperado y profundo, necesitamos dejar que el corazón se nos llene de esta presencia amorosa. Solo Él puede darnos la paz, el gozo y la esperanza que necesitamos, nuestra comunidad y nuestro mundo.

A lo largo de la Pascua, vamos dibujando el retrato de lo que estamos llamados a ser como comunidad creyente: Iglesia en salida, Iglesia servidora, Iglesia en comunión, Iglesia orante, Iglesia sufriente… pero siempre, Iglesia que ama porque es amada, viva porque está habitada por el Viviente. Demos hoy razón de nuestra esperanza, no con doctrinas o razonamientos, sino con la razón del corazón que sostiene, reconforta y acompaña. Él vive y toda muerte ha sido vencida: seguir caminando es acercarnos a la Vida, ¡sigamos, pues!

Hoy también celebramos la Pascua del enfermo, terminando junto al Resucitado la campaña de pastoral de la salud de este año. Acompañar en la soledad ha sido nuestro lema. ¡Y qué mejor compañía que la que Cristo mismo nos ofrece! Ahora que la enfermedad se ha instalado en nuestro mundo y que tocamos la soledad del confinamiento, dejémonos acompañar por Él para hacernos, con Él, compañeros de otras soledades.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 112 | Agregado por: AdminUPCH | Fecha: 2020-05-17 | Comentarios (0)

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