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Somos la unidad de las parroquias San Martín - San Julián, La Purísima y San Sebastián.

Consulte aquí la Nota de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española ante el inicio de la salida del confinamiento.


Reflexión de Francisco José Jaspe

 

"¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!" Proclamamos con gozo en el salmo de la Vigilia Pascual de este Domingo Santo, y Mateo, exultante, testimonió el anuncio del Ángel: "¡HA RESUCITADO!"

Hoy es el primer día de la semana, el primer día de nuestras vidas renovadas por Cristo, gracias a su Pasión, Muerte y Resurrección. Hoy iniciamos la Pascua como niños de pecho recién nacidos salvados por el sacrificio del Cordero de Dios inmolado por nosotros. Y, como en nuestra vida, y en nuestro mundo, afrontamos con alegría, gozo y optimismo esta Pascua Florida tan hermosa. Y así, cantamos al salmo: “Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.”

Estamos saliendo de una época de incertidumbre y dolor, de una Cuaresma como ninguno pensó que pasaría, penamos y sufrimos, algunos, incluso, dando la vida por los demás, siguiendo a Jesucristo y cargando con su cruz, y, a veces, hoy muchas veces, haciendo de Cirineos de otros, pero Dios nos protege y siempre está con los brazos abiertos, porque ¿Qué Padre no está dispuesto a perdonarlo todo y acoger a su hijo? Estamos saliendo de tiempos de tribulación, pero también de incrementar nuestra Fe, hacer florecer la Esperanza, y alimentar el Amor en nuestros corazones.

Dudamos, lloramos, caemos… sí, pero con la fuerza del Espíritu Santo, el Amor de Dios, y el ejemplo de Jesucristo, sacamos fuerzas para levantarnos una y otra vez. Los apóstoles y discípulos, no creían lo que les había revelado Jesús, el propio Juan lo confiesa: “… y vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.”

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 145 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-04-12 | Comentarios (0)


Presentación del Via Crucis "Testigos de la Pasión"


Este es el viacrucis que te proponemos para este Viernes Santo de 2020, tan especial por las circunstancias en que nos toca vivirlo. En este camino de la cruz que recorremos hoy caben todos. Cabe la gente de nuestra parroquia, de nuestra Unidad Pastoral y la de todas las parroquias vecinas de nuestra diócesis. Y las de todas la diócesis del mundo… Caben los cofrades y los que no lo son. Caben las mujeres y caben los hombres. Los que tienen fácil la vida y los que se sienten abrumados por los pesos que les han ido cayendo encima y no saben de dónde sacar fuerzas. Caben los viejos, que por ley de vida no son ya jóvenes, aunque algunos para consolarse dicen que lo son de espíritu. Caben también los jóvenes que son viejos, los que están cansados y aburridos como si hubiesen andado ya un camino largo de ochenta años. Caben, por supuesto, los que sufren, especialmente hoy los enfermos, y los que han perdido seres queridos en esta pandemia. Caben, por derecho propio, los sanitarios que se están dejando la vida en curar, en consolar, en acompañar… Y caben también los que sonríen… y los que se sienten solos y tienen ganas de llorar...

En este viacrucis caben todos, aunque un día sólo cupo uno: Jesús. Aquel fue su exclusivo viacrucis, el camino-de-la-cruz original y primigenio. Pero desde entonces todos los viacrucis de la historia se han unido al primero. En todos está Cristo, y en todos andan los otros «cristos», los hermanos de Cristo, los hijos de Dios. Cargan con la cruz; son traicionados y vejados; caen, no tres veces, sino tres mil; en unas ocasiones se levantan de nuevo y en otras quedan en el suelo extenuados; son colgados de la cruz; criticados, apaleados, juzgados, abucheados, rechazados, torturados; y Cristo va siempre con ellos. Viacrucis de Jesús, el Hijo de Dios; y de sus hermanos, los hijos de Dios. El viacrucis no es solo camino: es lugar y ocasión de encuentro. Encuentro de Cristo y sus hermanos; encuentro de los hermanos de Cristo entre sí.

Pretende este viacrucis que proponemos ser un reflejo del auténtico. Del camino-de-la-cruz que recorrió Jesús, nuestro Maestro y Señor. Un camino que no comenzó en el monte de los olivos, sino mucho antes. En su bautismo, cuando se metió en mitad de la fila de los que acudían donde Juan, Jesús comenzó a cargar la cruz —las cruces— del mundo. De su mundo, del que a él le tocó vivir.

Tenía muchas cruces aquel mundo: la pobreza y la injusticia; el rechazo de los «pecadores»; la prepotencia de los poderosos de la religión y del imperio; los gritos de auxilio de las viudas y de los huérfanos; la violencia y el deseo de venganza presente en los corazones de un pueblo siempre oprimido, siempre machacado... SE PUEDE REZAR ESTE VIACRUCIS EL VIERNES SANTO a través de whatsapp y de las redes. Se difundirán las 14 estaciones de forma espaciada a lo largo de todo el día, con el siguiente horario: la primera estación se enviará a las 00:00 horas del Viernes Santo. La segunda, a las 8:00 a.m. y, a partir de ahí, se irán enviando -una a una- a cada hora en punto, hasta las 20:00 horas en que se enviará la última.

Jesús cargó con aquellas y, a un tiempo, con todas las cruces que estaban por venir. También con las cruces del mundo que nos ha tocado vivir a nosotros. Hacer el viacrucis es, pues, ver a Cristo. Y verlo cargado con su cruz, con sus cruces, que son las nuestras. En este viacrucis, al mismo tiempo que escuches la pasión del Señor, tal y como el evangelista Lucas nos la transmitió, vas a escuchar también la voz de algunos testigos que la presenciaron en primera persona. Testigos de la pasión. María, Pedro, Pilato, una mujer, Simón...; solo hemos podido dejar hablar a catorce, porque son catorce las estaciones. Pero hubo muchos más testigos. Si tú y yo creemos hoy es por el testimonio que ellos dejaron.

Y hoy, en nuestro mundo actual, sigue habiendo más testigos. Gente que continúa contemplando con estupor, con asombro, con impotencia, con rabia, con indiferencia... la pasión de Cristo, la pasión de todos los hermanos de Cristo, la pasión de todos los cristos.

También a estos testigos queremos dejarles hablar hoy, haciéndoles un hueco de silencio en nuestros corazones. Estate atento. No te pierdas su testimonio. Probablemente lo necesitas. Además, seguro que incluso tú eres también testigo.

Como ves, lo que te estamos intentado decir de diversas maneras es que en este Viacrucis también cabes tú. Cabes en cada estación. Y en cada personaje. No pienses que eres solo el que —como Cristo— sufres. También eres el que hace sufrir. Eres Jesús. Pero también eres Pedro y Judas. La mujer que lloriquea y el Pilato que se lava las manos. El discípulo que por miedo se aparta de la cruz y el centurión pagano que conoce en Jesús al Hijo de Dios cuando ve su forma de morir. Tú eres el soldado que azota y Verónica que seca el rostro. Tú, el ladrón bueno… pero también el malo.

En este viacrucis también cabes tú. ¡No te quedes fuera mirando! Entra en nuestro camino, que es el camino de la cruz de Jesús. Y tráete tu paisaje. Porque éste no es solo el viacrucis de Jerusalén. Es también el de nuestro mundo de hoy, y el de Palestina, y el de Siria... No solo aquella ciudad, sino la aldea global —el pueblo de todos los pueblos de la tierra— se llena de tinieblas con la muerte de Jesús y espera con ansias que salga de la tumba nueva el Sol que no conoce ocaso.

Únete a nosotros. No te quedes atrás. No camines solo. Es más difícil hacer solos este camino. Disfruta del encuentro, de los encuentros. Puedes necesitar un cireneo porque tu cruz sea demasiado pesada. O —¿quién sabe?— a lo mejor te cargan la cruz de otro que tiene menos fuerza que tú…

Categoría: Semana Santa | Vistas: 84 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-04-09 | Comentarios (0)

Categoría: Semana Santa | Vistas: 46 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-04-07 | Comentarios (0)

Reflexión de Mª Isabel de Celis Fraile. Representante en el Consejo de la Unidad Pastoral de las Comunidades Neocatecumenales

 

El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. Es una celebración de contrates. De las palmas a la cruz, del hosanna al crucificado. En la primera parte de la liturgia Jesús es aclamado como Rey, con aclamaciones de júbilo: "hosanna", pero Él sabe lo que le espera. Que va a ser el cordero definitivo que se inmole por nuestra salvación. y lo hace voluntariamente por el amor incondicional al Padre y a todos los hombres. Y por eso las lecturas de la Eucaristía de este día nos introducen en la pasión del Señor; porque es importante que el evangelio de la pasión se proclame en un domingo y no solamente el Viernes Santo, ya que el próximo domingo celebramos la Pascua de Resurrección.

Ha sido una cuaresma diferente a otras, en la que, nunca mejor dicho, hemos estado creyentes y no creyentes en un desierto en el que nos ha metido esta pandemia. Y, todo lo que ha sucedido nos ha hecho ver que no somos dueños de nuestra vida ni de nuestro destino. La cruz ha estado muy patente en todos los hogares, especialmente en los que la enfermedad y la muerte ha llegado.

Nosotros, los cristianos, estamos llamados a entrar en nuestra cruz y también a acompañar como cireneos al Señor en su cruz, que se concreta en aliviar los sufrimientos y soledades en los que se encuentran tantos hombres.

Os invito a entrar en el relato de la Pasión no como meros espectadores, sino reflexionando sobre las escenas y los personajes que aparecen. Seguro que nos veremos reflejados en más de uno y de alguna situación.

Que paséis una Santa Semana, con la vista puesta en la Resurrección del Señor.

 

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 119 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-04-05 | Comentarios (0)

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