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El Niño Jesús e Irene

Relato de Octavio C. Velasco

Imágenes de la película "La Navidad de Ángela" de Netflix.

 

“En la fila vamos de uno en uno… en la fila vamos todos juntos… tú delante, yo detrás… y una fila tu verás…”. Iban tras la seño, otra vez. “Ahora… ¿adónde?”, se preguntaba Irene. Y es que en el cole, cada vez que se desplazaban, incluso para ir al recreo y volver a clase, lo hacían de esta manera. Por la mañana, desde la calle hasta la clase, fila, y allí gel en las manos, cada cual del suyo, frotando bien. Para el primer y el segundo recreo, a la ida y a la vuelta, fila, y gel antes de salir y al regresar. Para ir al gimnasio o al patio, fila y gel… A la salida, gel y fila hasta la calle. Siempre igual… “Ahora… ¿adónde?, a ver”, dijo en alto. “Ya lo verás, Irene, ya lo verás… Es una sorpresa…”, le contestó Bea.
Iban hacia el teatro o hacia la iglesia, que está al lado, en fila. Tronaba la voz de la seño, “En la fila vamos de uno en uno…”, y se colaba diciembre por los pasillos. Menos mal que la profe había dicho que se pusieran el abrigo… La miss, como dice Valentina, que hace unos días ha llegado de Perú… “Miss, ¿cómo se hace esta letra?”. “Miss, ¿cómo se hace esta otra?”. Para Irene era la seño, la profe o Bea, según.
Aunque la última, Irene lo vio desde lejos, todo luz y color… Allí, en el zaguán del cole, por donde entran los profes o si te retrasas porque estás malita y tu mamá o tu papá te han llevado al médico. Allí, en el centro, estaba el Niño Jesús… “¡Qué guapo y qué desnudo, qué frío debe estar pasando...!”, pensó. Irene no sabía cómo sonreía tanto... Allí, con su madre y su padre. “¿Le bastaría con el calor de la mula y del buey?”, porque a ella le estaban dando unas ganas de… “Ahí, solo con el pañalito...”. “A lo mejor la estrella, además de luz, le da calor, como luce tanto…” y extendió la mano, para comprobarlo. Nada, frío. Bea los había colocado alrededor del belén. Y vio que los pastores estaban lejos y, más aún, los Reyes Magos y sus camellos… como para darle calor… “Te vas a coger un catarro, verás…”, le dijo, que su mamá también se lo dice a ella si se desabriga.
Les dijo Bea que, para recibirlo, ‘porque está naciendo Dios’, cantaran “Campana sobre campana”, el villancico que estaban preparando para el festival de Navidad, y que ensayaban en clase desde hacía unos días. Esta vez, como pusieron todo su interés y toda su ilusión, estaban ante el Niño Dios, la profe les felicitó, les había quedado muy bien. Luego, cada una, cada uno, le tiró un beso al Niño Dios. “Ya estamos preparados para grabarlo en el teatro”, añadió. “Pero ese día hay que venir vestidos de pastorcitos, ya les escribo yo a vuestros padres un comunicado para que lo sepan”. “Cuando me lo digan a mí, les escribo”. Este año, les había dicho la profe, lo grabarían y lo pondrían en la plataforma digital, y así podrían verlo en casa los papás, que todavía no podían entrar al cole, la familia y los amigos. “Hala, venga, fila…”. “Otra vez la misma canción, esta es la profe que canta...”, pensó Irene. “En la fila vamos de uno en uno…”. Como era la última, comenzó a andar cuando la seño había pasado la cancela y no podía verla.
“Estos dos, juntitos, y estos tres, arrugaditos”, volvió a decir la profe mientras hacía el gesto con su mano. “Venga, un poquito más y la terminamos…”. “Coged bien el lápiz con la pinza, ya sabéis…”. Se pusieron a la tarea, que al llegar a clase les tocaba terminar la ficha con las vocales, antes de salir al primer recreo. También podían hacer un dibujo por detrás.
Poco antes de salir, se presentó la hermana portera con el abrigo de Irene. “Hola. A ver, ¿no es de esta clase Irene V?”. “Sí, de esta clase… “, dijo la profe. “No, si de sobra lo sé yo, no te creas… He mirado la etiqueta, y de quién era… De Irene V tenía que ser… ¡Qué falta de respeto, que le ha puesto el abrigo al Niño Jesús y no se le veían ni las orejas! ¡Con lo bonito que está tal y como es, que se le vea bien en el centro del belén… Yo no sé adónde vamos a llegar…!”, añadió. “Pero, Irene, hija… ¿cómo se te ocurre…?”, dijo la seño. “Miss, es que el Niño tenía mucho frío…”, intervino Valentina. Y la hermana portera le dio el abrigo. “No lo vuelvas a hacer, qué falta de respeto, ni se te ocurra… No te digo, el belén lleva aquí desde antes de que viniera yo de novicia, a ver si lo vais a romper… Adiós”, cerró la puerta y se fue.
Según fueron acabando la ficha, la iban dejando en su departamento. Se dieron gel, se pusieron el abrigo y cogieron la mochila-covid para salir al patio, tomar su tentempié y jugar. Bea, de nuevo, dijo que había que hacer la fila, pero esta vez no salió la primera guiándolos. Se quedó con Irene y vio su dibujo… Era el Niño Jesús con su abrigo encima, en el portal. Le dijo que no volviera a hacerlo, que la figura se podía caer y romper, pero la felicitó por querer arropar al Niño y quitarle el frío, y que siempre podía mandarle calor desde su corazón, que una buena manera de quererlo es haciendo lo que Él dice, querernos y perdonarnos, cuando nos equivocamos. Irene dejó la ficha en su sitio, se puso el abrigo, se dio gel y salió tras los demás.
En la tarde, como era viernes, le tocaba ir a la compra con sus padres y su hermano. Antes, pasaron por la sección de adornos navideños de la tienda y estuvieron viéndola. Entre varios, a Irene le gustó mucho un belén y les dijo a sus padres que por qué no lo ponían en casa. “Pero hija, si casi no tenemos sitio… Además, que nosotros ponemos siempre el árbol, ya lo sabes... Mira, lo bajamos a buscar a la cochera y lo podemos poner uno de estos días de puente, como otros años… ¿Qué te parece?”, le dijo su madre. “Este es pequeño, y no ocupa mucho, mujer…”, añadió su papá, también decidido. “Sí, claro, ¿y dónde lo ponemos, eh?, que no podemos ni rebullirnos en el comedor… ¡Qué fácil lo veis todo vosotros…!”, contestó su mamá. “Venga, mami, que sí, anda… Que guardamos los recuerdos de las vacaciones que hay en la estantería de la entrada, y lo ponemos ahí…”, intervino su hermano.
Se lo pasaron muy bien. Además, pusieron muchos muñecos de sus juguetes y algún que otro dibujo como adorno. ¡Qué contenta Irene, el Niño Jesús también estaba en su casa! Así podía hablarle, jugar con él, hacerle caricias y tirarle besos desde cualquier sitio.
“Pero esta niña… ¡qué cosas tiene…! ¿De dónde habrá sacado la idea de ponerle un abriguito al Niño Jesús?” -es lo primero que dijo su madre, al día siguiente, después de subir la persiana del comedor y ver al Niño vestido con uno de los abrigos que les había hecho su abuela para los Pinypon-.

 

 

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