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Reflexión por Consolación Montes. Grupos de Biblia.

Id y haced discípulos de todos los pueblos.

 

La Ascensión del Señor al Cielo constituye el fin de la peregrinación terrena de Cristo. Es punto de partida para comenzar a ser testigos y anunciadores de Cristo. El Señor Glorificado continua presente en el mundo por medio de la Palabra proclamada, la Iglesia reunida en oración, los signos sacramentales, la acción de los que creen en sus palabras, cumpliendo así Su promesa de que estaría con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos. El mandato de Jesús es claro: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.

Por nuestro Bautismo, Sacramentos y Eucaristía, donde los cristianos tenemos que hacer presente a Cristo, en medio de tantas dificultades y necesidades. Con la Ascensión del Señor, el camino está abierto y nosotros los cristianos estamos invitados a recorrer el camino. Comunicar con esperanza en tiempos de pandemia, tiempos de solidaridad, compartir, ayudar.

Después de la Ascensión del Señor a los Cielos puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la Evangelización. Que nos llama a compartir el dolor y acompañamiento de nuestros hermanos.

La misión nace del encuentro con el Resucitado, sin esta vivencia el programa misionero se vacía de sentido.

Sus palabras en las lecturas de hoy nos invitan a meditar sobre el encargo misionero con el que Jesús se despide de sus discípulos.

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Reflexión por Hna. María José Mariño CM

 

Seguimos el camino de la Pascua, ya vislumbrando la llegada del Espíritu. Eso significa que sí, que se acerca un momento de despedida. Esta palabra tiene en la actualidad nuevas resonancias. Ya no está en la imaginación o en la vivencia de personas individuales. Como sociedad y como Iglesia, estamos viviendo de cerca muchas despedidas. Despedimos personas queridas y otras desconocidas que son, de alguna manera, también nuestras en este tiempo de pandemia. Despedimos seguridades y tesoros de lo cotidiano en los que, con frecuencia, ni siquiera hemos reparado. Ahora, en la liturgia vamos “despidiendo” al Resucitado para acoger su Espíritu en Pentecostés.

Sí, cuando se quiebran certezas y estabilidades, resuena con más vigor la palabra de Jesús: “no os dejaré huérfanos… me veréis y viviréis”. La despedida es también una promesa, la promesa de la cual vivimos como Iglesia: vivimos en Él. Este domingo se nos invita a entrar más hondamente en ese misterio de intimidad que llamamos comunión, la vida del Dios Trinidad que nos abraza en el Resucitado. Este es el secreto de nuestra alegría y nuestra esperanza. Por eso, en un tiempo de sufrimiento inesperado y profundo, necesitamos dejar que el corazón se nos llene de esta presencia amorosa. Solo Él puede darnos la paz, el gozo y la esperanza que necesitamos, nuestra comunidad y nuestro mundo.

A lo largo de la Pascua, vamos dibujando el retrato de lo que estamos llamados a ser como comunidad creyente: Iglesia en salida, Iglesia servidora, Iglesia en comunión, Iglesia orante, Iglesia sufriente… pero siempre, Iglesia que ama porque es amada, viva porque está habitada por el Viviente. Demos hoy razón de nuestra esperanza, no con doctrinas o razonamientos, sino con la razón del corazón que sostiene, reconforta y acompaña. Él vive y toda muerte ha sido vencida: seguir caminando es acercarnos a la Vida, ¡sigamos, pues!

Hoy también celebramos la Pascua del enfermo, terminando junto al Resucitado la campaña de pastoral de la salud de este año. Acompañar en la soledad ha sido nuestro lema. ¡Y qué mejor compañía que la que Cristo mismo nos ofrece! Ahora que la enfermedad se ha instalado en nuestro mundo y que tocamos la soledad del confinamiento, dejémonos acompañar por Él para hacernos, con Él, compañeros de otras soledades.

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Reflexión por Mª Carmen y Oroncio. Grupos de Biblia

 

Las lecturas de este V domingo de Pascua nos invitan a reflexionar sobre varios aspectos importantes en nuestra vida cristiana.

 

La primera lectura de Hechos nos recuerda que en las primeras comunidades había problemas de convivencia, igual que los que tenemos hoy entre nosotros. Ellos los resolvieron asumiendo responsabilidades con coherencia, compromiso y entrega. Buena lección para cada uno de nosotros, en especial, en estas circunstancias que estamos viviendo.

En la segunda lectura, Pedro, nos recuerda que la verdadera Piedra Angular es Jesús, en la que debemos apoyar nuestras vidas y pensar hacia donde nos dirigimos y cómo llegaremos a ese destino considerando que somos débiles y frágiles.

Jesús en el evangelio nos lo aclara al decir: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Jesús es el verdadero camino porque es la Palabra eterna hecha historia humana en la encarnación. La imagen del camino hay que enmarcarla en la historia de la salvación como una oferta dinámica hacia una meta segura que llegará.

Jesús es la verdad que el hombre necesita y que le conduce a la libertad de los hijos de Dios. Jesús es la verdad porque es la Palabra, porque refleja el propio ser del Dios Amor.

Jesús es la vida que con su resurrección manifiesta en plenitud y sin equívocos, cuál fue realmente el proyecto de Dios sobre el hombre y su destino.

Jesús es pues, “camino para nuestros pasos, verdad para nuestros interrogantes y sentido de la vida para nuestra existencia”. Y todo ello es el núcleo de nuestra Fe.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 89 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-05-10 | Comentarios (0)

Comentario a las lecturas por Vicky Sánchez

 

- Los Hechos de los apóstoles (2, 14. 22-33)

 

En este tercer domingo de Pascua, la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles nos hace una invitación a reflexionar sobre la proclamación del mensaje cristiano (kerigma). Centra todo el misterio de Cristo —ministerio, muerte, resurrección— en el plan de Dios por medio de Jesús. Dios es el que realiza signos y prodigios, acreditándolo así como Mesías. Jesús debía ser entregado a la muerte según el plan decretado y previsto por Dios. Dios es sobre todo el que lo resucita, librándolo de la corrupción de la muerte y abriéndole el sendero de una vida gloriosa.

 

- Salmo 15

 

La carne del Señor no conoció la corrupción del sepulcro a pesar de haber gustado la muerte. Por ello el Señor, previniendo su resurrección gozo de paz imperturbable. Que nos dé la paz de sabernos caminando por un "sendero de vida".

 

- Primera carta del apóstol san Pedro (1, 17 - 21)

 

La idea del destierro como situación actual del cristiano es central en la primera carta de Pedro, desterrado y peregrino en la tierra, como en Babilonia. Vive hacia la patria del cielo prometida como los israelitas en el desierto, ellos fueron rescatados de Egipto. El nuevo Cordero Pascual predestinado antes de la creación y manifestado como comienzo de los tiempos últimos, sobre todo con su resurrección y glorificación obra de Dios y causa de la fe y esperanza en él y en Dios. Por eso el cristiano debe vivir su Pascua con temor, como los israelitas.

 

- Evangelio según san Lucas (24, 13-35)

 

El hecho del relato consiste en que dos discípulos que caminan largo tiempo con Jesús no le conocen. El descubrimiento de Jesús Resucitado no procede de los ojos carnales sino de los iluminados por la fe. Jesús Resucitado es objeto de fe, los discípulos de Jesús llegan a él por las palabras y los signos. Los discípulos lo conocen al partir el pan, pero el se aleja, Jesús sigue presente en una nueva dimensión: la Eucaristía, la Palabra, el Prójimo. Ellos corren y comunican su fe a sus hermanos y de su comunión en la fe nace la gran verdad.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 124 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-04-26 | Comentarios (0)

Reflexión de Francisco José Jaspe

 

"¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!" Proclamamos con gozo en el salmo de la Vigilia Pascual de este Domingo Santo, y Mateo, exultante, testimonió el anuncio del Ángel: "¡HA RESUCITADO!"

Hoy es el primer día de la semana, el primer día de nuestras vidas renovadas por Cristo, gracias a su Pasión, Muerte y Resurrección. Hoy iniciamos la Pascua como niños de pecho recién nacidos salvados por el sacrificio del Cordero de Dios inmolado por nosotros. Y, como en nuestra vida, y en nuestro mundo, afrontamos con alegría, gozo y optimismo esta Pascua Florida tan hermosa. Y así, cantamos al salmo: “Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.”

Estamos saliendo de una época de incertidumbre y dolor, de una Cuaresma como ninguno pensó que pasaría, penamos y sufrimos, algunos, incluso, dando la vida por los demás, siguiendo a Jesucristo y cargando con su cruz, y, a veces, hoy muchas veces, haciendo de Cirineos de otros, pero Dios nos protege y siempre está con los brazos abiertos, porque ¿Qué Padre no está dispuesto a perdonarlo todo y acoger a su hijo? Estamos saliendo de tiempos de tribulación, pero también de incrementar nuestra Fe, hacer florecer la Esperanza, y alimentar el Amor en nuestros corazones.

Dudamos, lloramos, caemos… sí, pero con la fuerza del Espíritu Santo, el Amor de Dios, y el ejemplo de Jesucristo, sacamos fuerzas para levantarnos una y otra vez. Los apóstoles y discípulos, no creían lo que les había revelado Jesús, el propio Juan lo confiesa: “… y vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.”

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 145 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-04-12 | Comentarios (0)

Reflexión de Mª Isabel de Celis Fraile. Representante en el Consejo de la Unidad Pastoral de las Comunidades Neocatecumenales

 

El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. Es una celebración de contrates. De las palmas a la cruz, del hosanna al crucificado. En la primera parte de la liturgia Jesús es aclamado como Rey, con aclamaciones de júbilo: "hosanna", pero Él sabe lo que le espera. Que va a ser el cordero definitivo que se inmole por nuestra salvación. y lo hace voluntariamente por el amor incondicional al Padre y a todos los hombres. Y por eso las lecturas de la Eucaristía de este día nos introducen en la pasión del Señor; porque es importante que el evangelio de la pasión se proclame en un domingo y no solamente el Viernes Santo, ya que el próximo domingo celebramos la Pascua de Resurrección.

Ha sido una cuaresma diferente a otras, en la que, nunca mejor dicho, hemos estado creyentes y no creyentes en un desierto en el que nos ha metido esta pandemia. Y, todo lo que ha sucedido nos ha hecho ver que no somos dueños de nuestra vida ni de nuestro destino. La cruz ha estado muy patente en todos los hogares, especialmente en los que la enfermedad y la muerte ha llegado.

Nosotros, los cristianos, estamos llamados a entrar en nuestra cruz y también a acompañar como cireneos al Señor en su cruz, que se concreta en aliviar los sufrimientos y soledades en los que se encuentran tantos hombres.

Os invito a entrar en el relato de la Pasión no como meros espectadores, sino reflexionando sobre las escenas y los personajes que aparecen. Seguro que nos veremos reflejados en más de uno y de alguna situación.

Que paséis una Santa Semana, con la vista puesta en la Resurrección del Señor.

 

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 119 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-04-05 | Comentarios (0)

Reflexión de Macu Hernández

 

En estas horas de tanta noche, donde nos asedian sombras llenas de incertudumbre, donde el miedo nos amenaza con estrujarnos el corazón y las entrañas, viene la Palabra como un rayo en la tiniebla, llenando la oscuridad con la Luz que solo puede venir del Señor. Las tres lecturas nos invitan a esperar en el Señor. ¡La Vida triunfará! Y una vez mas volveremos a dar gloria a Dios porque nos ha salvado. “ Os restableceré en vuestra tierra, y comprenderéis que yo, el Señor, lo digo y lo hago” Con ternura, nos vuelve a llamar “pueblo mío”...

Como Marta, también hoy yo le digo, si hubieras estado aquí, no habria pasado todo esto...Como Marta, lloramos y nos echamos a sus pies, preguntándole porqué no ha venido antes, ¿Donde estás, Señor? Mira que tus amigos están sufriendo. Mira que tu pueblo gime. ¿Donde estás, Señor mío? Jesús se estremece con nuestro sufrimiento, nuestro Dios se ha hecho hombre para seguir compartiendo con nosotros.

Y hoy nos vuelve a preguntar: Yo soy la Resurrección y la Vida... ¿Crees esto? Si, Señor, en Ti confío. Ya apuntan los primeros rayos del alba. Y después de esta noche, nos espera la Luz de la Pascua, el paso a la Vida. Tu Luz rompe toda oscuridad. En el medio de la noche, de esta cuaresma tan especial, espero en el Señor. Sé Señor que sacarás mucha Vida de todo esto, y pronto nuestros ojos contemplarán tu gloria. Ya está la Pascua cerca. Esperemos en el Señor. No estamos solos. El Amor del Resucitado sigue entre nosotros.

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 147 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-03-29 | Comentarios (0)

Reflexión de Francisco José Jaspe Anido

 

Este domingo el apóstol Juan nos presenta uno de los milagros de Jesús: la curación de un ciego de nacimiento; y para curarle se produce un cierto paralelismo con otro gran milagro: el de nuestra propia vida, la creación del hombre, pues si Dios creó el hombre a imagen y semejanza suya y le insuflo vida mediante su aliento divino, en este evangelio, el Hijo del Hombre, Jesucristo, curara al ciego con su saliva y barro. El Verbo Divino ha venido a curar y a salvar, no a condenar. El ciego no le pide nada, pero para Jesucristo el corazón del hombre es transparente. Podríamos llegar a pensar que el que no sabe lo que se pierde, el que nace ciego, está casi acostumbrado a ello, y sin embargo ¿quién no aspira a deleitarse con las maravillas de la Creación Divina?

 

Juan nos habla ciertamente de ceguera, de la ceguera del hombre y de los milagros de Dios. Pero en este pasaje tenemos también la ceguera espiritual de los judíos ultraortodoxos como los fariseos, que no eran capaces de ver ni creer que tenían delante al Mesías. Ellos, viendo no creyeron y, sin embargo, el ciego, sin ver creyó, quizás porque los ojos de su corazón sí estaban muy abiertos.

 

La luz, eso es lo que buscamos al mirar a lo alto, y más cuando estamos en épocas de tinieblas o de miedos, pero como recordaría San Pablo en su Carta los Efesios: Antes erais tinieblas, pero ahora sois Luz por el Señor. Vivid como hijos de la luz… Por eso en nuestra ayuda siempre acude la Fe en el Señor, la Fe que nos lleva a tener esperanza, a que siempre confiemos que tras la noche más oscura amanecerá una nueva y resplandeciente mañana.

 

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 87 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-03-22 | Comentarios (0)

Reflexión por Octavio C. Velasco,

miembro de grupos de catequesis de adultos.

 

En el camino de la vida tenemos sed. Mucha y variada. Sobre todo, de salud, de dinero –de lo que nos procura–, de amor, de justicia, de perdón, de vida eterna. E intentamos calmarla con nuestros propios medios y por nuestra cuenta, o con la ayuda de otros.

 

Humanamente está bien espabilarse e intentar saciarla, y es hasta nuestra obligación, pero no nos basta.

 

Ya al inicio del camino, nos damos cuenta de que buscamos en pozos que no la calman. Ni siquiera en el mejor de los escenarios –que, a veces, están muy alejados de los hermanos que sufren en cualquier lugar-. Y volvemos a tener sed, siempre tenemos sed. Tal vez porque sabemos sobradamente quién es Jesús, pero quizá no lo hemos encontrado personalmente, hablando con Él, y no lo hemos reconocido todavía como nuestro Salvador y como el Salvador del mundo.

 

El agua que Él nos da a beber se convertirá dentro de nosotros en un “surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”, nada menos. Es su promesa. Con su agua podemos adorar ya, ahora, al Padre en espíritu y verdad.

 

La actitud adecuada es la de la samaritana –todos somos un poco ella–, reconociendo nuestra pequeñez debemos pedirla. “Señor, dame de esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres…” el Mesías, el Cristo. Lo que es lo mismo que no apoyarse solo en los pozos que nos ofrece la vida, sino en su Palabra, en Él.

 

Y Él se quedará con nosotros.

 

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 109 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2020-03-15 | Comentarios (0)

Octavio C. Velasco comparte con nosotros este relato, publicado originalmente en la revista Montemayor
(Moguer, Huelva, 2019), que nos invita a la reflexión.


“Si hay algo que odio es recoger la cocina. ¡Cómo queda todo, coño, que hay que ver, todos los santos días lo mismo…! Me pongo mala solo de pensarlo… ¡Por Dios, el día que tenga dinero…!”.

Mecánicamente, bayeta en mano, se acercó a la radio y la puso. “Así me distraigo, que aquí todo el día encerrá...”.

“Friture, dicen en Francia, todavía me acuerdo de cuando la emigración... Qué mal se oye, tengo que cambiar las pilas de una vez, a ver si luego las compro, que siempre se me olvida. No me extraña, con tanto crío, coño, y este tío que nunca está en casa…”.

“LA EMPAREDADA DE SAN MARCOS”

- ¿Qué dice el locutor este, ahora…?

Hace mucho tiempo, allá por mil doscientos y pico, vivió en Salamanca una mujer llamada Martina. A pesar del hambre, muy hermosa y bien proporcionada, alta como su padre y delgada como su madre, de mirada profunda y azul, de cielo castellano, y de largo pelo castaño. Bondadosa y muy unida a los suyos, que eran muy humildes y apenas malvivían…

“Debe ser una de esas historias del programa ese… Sí, ese de “Mujeres en la Historia”, creo”.

- ¡Mamáááá…! ¡Yaaaa…! ¡Hacho pipíííí…! ¡A impiá a gotita…! ¡Mamáááá…!

- ¡Ya voy, hija, ya voy…!

- ¡Pero cómo se te ocurre ponerte a hacer pis sin decirme ná, hija! No ves que eres pequeña y tú solita no sabes, que luego te dejas la “tipita al aide” y coges frío, y ya sé yo a quién le toca levantarse por las noches.

- Ucho pipí, mamá.

- Venga, hala, ya estás. Ven con mami al comedor y te quedas sentadita, y pintas la fichita de la A que te ha mandado la seño, mientras acabo de recoger la cocina. ¿Vale, cariño?

- Zí, mami, pero pome a tele, quio ve lo bobujo.

- Ya está. Acabo en la cocina y vengo.

Cierto día, para burlar una miseria de años, se decidió. Sin decir nada a nadie, cogió las cuatro cosucas que tenía y entró en una de las casas de mancebía de la ciudad, que afloraban al abrigo de los estudiantes.

- ¡Bien, tía, por lo menos le diste gusto al cuerpo...!

Después de un tiempo, bien comprendió que se envilecía. Es verdad que vivían algo mejor, pero la deshonra, por el pesar, le había costado la vida al padre y había llevado la vergüenza a la familia.

- ¡Hostiaaa…!

Arrepentida, decidió emparedarse. Lo consultó con su confesor, que se alegró mucho, y pidió permiso al obispo, que lo concedió.

-¡Quéééé…! Bueno, bueno… ¡Pues sí que le dio fuerte…!

Eligió la iglesia de la Real Clerecía de San Marcos, al norte de la ciudad, por su singular belleza al ser redonda y recogida para la oración. Había oído que era románica, pero no sabía qué significaba tal palabra.

Mandó hacer una celda, en el templo, en el grueso muro entre el altar mayor y la calle. Solo un ventanuco la comunicaba con el exterior, por donde aliviaba el orinal y le acercaban algo de pan y agua y algún comistrajo de cuando en cuando. Una abertura, que daba a la iglesia, le permitía oír los oficios, confesar, rezar por sus culpas y comulgar.

Dormía en el suelo y en invierno solo se arropaba con una raída y fea manta. Llevaba peor vida, pero no le importaba.

- ¡Joder, joder! ¡Salvando los años, ésta lo pasó más chungo que yo…!

De alma escrupulosa, sentía grandes ansias de perdón, que ella misma no se otorgaba. Nadie entendía cómo podía vivir.

Cuando alguien necesitaba consejo, acudía a ella. Iban con afanes, pesares y pláticas, que no era mala conversadora. Tenían gran curiosidad por saber cómo atinaba casi antes de comenzar a hablar. Ella era la primera sorprendida, aunque lo achacaba al sentido común que dan los años, a las prédicas de los clérigos y a la oración, casi continua, al Creador de cielos y tierra.

- ¡Mamáááá…! ¡A secá mano…! ¡Mamáááá…!

- ¡Vooooy…! ¡Qué paciencia, Dios mío…!

- Pero hija, ¿cuántas veces te tengo que decir que no cojas los rotuladores de tus hermanos? ¿No ves que te pones perdidita? ¿No sabes ya cómo se enfadan cuando llegan?

- Te me gutan mami, te me gutan.

- Te me gutan mami… Media lengua, ¡que no se los cojas, te digo! Venga, ya estás limpia, te llevo a la mesita otra vez y a pintar, pero con el lapicero, que enseguida vuelvo de la cocina.

- Zí, mami, zí.

…Y empezaron a imaginarla muy cerca de Dios.

Muy sencilla, casi simple, siempre tenía una sonrisa en los labios. De la pobreza, decía. Después de mucho tiempo, comenzó a sentir más livianas las cuitas, a añorar ver el sol resplandeciente de la mañana y el firmamento estrellado de las noches de luna.

-¡Eso sí no me lo creo! Si la vida te achucha, te achucha para siempre, que me lo digan a mí…

En una ocasión, cuando rezaba, oyó una voz de hombre, quizá un ángel, que le dijo que no se sintiera culpable por sus pecados, que Dios la había perdonado hacía mucho. Quedó pensando largo tiempo en aquellas palabras, que le fueron de gran ayuda. Y decidió salir.

Su madre ya había fallecido, pero aún le quedaba familia a la que contar y compartir su vida empedrada.

Contaba que le habían pasado mil y una cosas, a pesar de que no lo pareciera en la estrechez de aquellas cuatro paredes. Los espacios le eran enormes.

Muy débil, casi no podía caminar, sus miembros habían perdido el vigor. Y enfermó gravemente.

Pidió que la llevaran de nuevo a San Marcos.

Aquella noche, a través de la hendidura, entró una fuerte luz que lo iluminó todo y la llevó.

El pueblo, con el tiempo, la hizo santa. En realidad, lo era desde el principio.

- ¡Qué fuerte, tengo los vellos de punta...! Eso no es vida. ¿De verdad habrá habido vidas así? A ver si veo algo de la emparedá esa en Interné… En realidad es lo de siempre, o putas o santas…

O arrastrás de la casa, del marido y de los hijos.

“Esto no puede ser, no estoy dispuesta a más. Ya no aguanto más broncas, golpes o imposiciones. Esto se ha acabao, si llevo peor vida que la emparedá esa… Una vida arrastrá, ni las bestias… Además, hace mucho que el amor se esfumó… y no sé bien por qué. Algo mal tendré que haber hecho yo también, pero recuerdo y recuerdo… y no sé qué. Si yo he estado aquí, a la casa y a los niños, y a él, que vive mejor que un marajá, oye. Esto no puede ser, no estoy dispuesta a más.

No sé cómo me lo montaré, no sé, pero tengo que decidirme, a algún sitio tendré que acudir o alguien tendrá que ayudarme…

Quizá deba retomar la escuela donde la dejé cuando lo conocí, no sé… Quizá deba volver a Moguer, a su luz, a la infancia, al apoyo de los míos, al abrazo de los amigos, espero, a trabajar en lo que haga falta… Que si hay que servir, se sirve.

Moguer es blanco, que me preste un poco para mi alma… Salir a la luz, a la calle… Moguer es vida. Mi Moguer, los míos…

Pero no sé, no sé. Aunque lo que tengo claro es que no voy a dejar que mis dos hijas acaben como mi madre o como yo. Algo tengo que hacer”.

- ¡Mamáááá…!

- ¡Dios mío, otra vez…!
 

Imagen de http://www.cronistasoficiales.com/

Categoría: Reflexión semanal | Vistas: 171 | Agregado por: unidadpastoralad | Fecha: 2019-11-21 | Comentarios (0)

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